George Miller (1990) nos ofrece una alternativa para orientarnos a los educadores en la realización de la evaluación de las competencias.

La pirámide consta de cuatro niveles: el primero, el más sencillo de lograr, es conocer el tema, estudiarlo para obtener los conocimientos pertinentes.

El segundo nivel se logra cuando -una vez logrado el primer nivel- la persona es capaz de describir cómo lo haría. Hasta aquí se trabaja en el nivel cognitivo.

Los otros dos niveles superiores de la pirámide se afincan en lo conductual. Por ello el tercer nivel consiste en demostrar en una simulación cómo lo haría; aquí ya sabe hacer pero no en la realidad escolar, sino en una simulación de clase.

Y, por último, el cuarto nivel, ya es hacer en la realidad lo que antes conoció y lo realizó en una simulación. Ahora actúa en la realidad.

A medida que va pasando del primer nivel al cuarto, la persona va acreditándose como profesional, va incrementando su calidad profesional.

Presentación1

LIMITACIÓN DE LA PIRÁMIDE DE MILLER

Hay diversas definiciones de lo que se entiende por competencia, que no viene al caso traerlas aquí. Utilizamos la que aporta Ángel Pérez Gómez (2008:77) en la que predomina la concepción de un sistema de acción complejo, multidimensional y reflexivo, cuando la define como:

“la capacidad de responder a demandas complejas y llevar a cabo tareas diversas de forma adecuada. Supone una combinación de habilidades prácticas, conocimientos, motivación, valores, actitudes, emociones y otros componentes sociales y de comportamiento que se movilizan conjuntamente para lograr una acción eficaz”.

Esta combinación de habilidades, saberes, actitudes y valores es lo que no se aprecia en la pirámide de Miller que toca solamente los conocimientos y los aspectos operativos, dejando de lado las actitudes, los valores y las emociones que son esenciales en el quehacer profesional de calidad y que deben evaluarse al igual que aquellos.

¿Cómo se va a formar un buen profesor sin desarrollar los valores, actitudes y emociones que siempre están implicadas en la práctica didáctica? Nunca será un docente de alta calidad si no ama a los estudiantes, si no los respeta, si dedica el menor tiempo posible en cumplir sus funciones, si se deja llevar por intereses personales, en definitiva, si no es honesto.

Este aspecto es el que no se contempla en la pirámide de Miller, por lo que difícilmente nos ayudará a evaluar los comportamientos humanos de los estudiantes en sus procesos de desarrollar al máximo las competencias.

Tenemos que completar la idea de Miller para que nos ayude de forma pertinente en la evaluación de una enseñanza por competencias.

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